ILACON Visión.

 

La existencia del conflicto se acepta como una parte inevitable del funcionamiento social.

 

Aparece en el ámbito individual con el nacimiento, donde debemos aprender a vivir haciendo uso de diversas estrategias de supervivencia y desarrollo. La propia vida familiar enseña a los individuos cómo negociar, llegar a acuerdos y a situaciones de equilibrio en medio de demandas a veces contradictorias y opuestas, a veces confluyentes, presentadas por los miembros de la familia, del entorno cercano y del propio ambiente.

 

Precisamente, el proceso individual del crecimiento, el desarrollo y la adquisición de la propia identidad buscando el alcance de metas propias siempre se enmarca por las limitaciones de ambientes con recursos limitados y demandas crecientes. La vida sin conflictos es una utopía de corta duración. De hecho, la ausencia de conflicto – partiendo de la concepción que el conflicto no es subjetivamente bueno ni malo en si mismo, sino que es una cuestión fáctica y objetiva – privaría al individuo de la mayoría o la totalidad de los estímulos para el desarrollo de gran parte de sus habilidades. El conflicto enseña.

 

El desarrollo humano en sociedad procede por etapas que son usualmente situaciones de cambio y de transformación.

 

De esta forma, nuestra visión del conflicto es objetiva, reconociendo la existencia de conflictos de consecuencias positivas, cuando enmarcan y desarrollan paradigmas de cambio, y, conflictos de consecuencias negativas, que son todos aquellos que deben ser contenidos y resueltos de acuerdo con los principios del arte. En cualquiera de las dos hipótesis, nuestra misión se concreta en el análisis, la asistencia, la elaboración de visiones y soluciones concretas y el aporte general en el sentido de la vocación de científicos de la resolución.